Una nueva encuesta de la consultora Sentimientos Públicos, realizado sobre 1500 casos a nivel nacional en mayo de 2026, pone en números lo que muchos intuían: la promesa libertaria se percibe quebrada y la intención de voto para una eventual reelección de Javier Milei cayó a niveles críticos. Se reduce a un núcleo cada vez más chico, más rico y concentrado en zonas puntuales del interior del país.
Según el relevamiento, apenas el 26,5% de los encuestados considera probable votar al presidente para un segundo mandato. Del otro lado, un contundente 73,5% se manifiesta en desacuerdo con esa posibilidad.
El dato más alarmante para el oficialismo no está en el rechazo general sino en lo que ocurre puertas adentro. La encuesta revela que Milei perdió al 48% de sus propios votantes de la elección de 2023. Es decir, casi la mitad de quienes lo eligieron hace dos años y medio hoy no lo volvería a votar.
El golpe se extiende al electorado aliado: el 50% de quienes votaron a Patricia Bullrich en la primera vuelta de 2023 dice que tampoco lo acompañaría. Y entre los que en aquel momento votaron en blanco o se abstuvieron, el rechazo a Milei trepa al 92%.
¿Dónde pega más fuerte el rechazo?
La resistencia al presidente tiene epicentros claros. En el AMBA (Ciudad de Buenos Aires y Gran Buenos Aires), el rechazo alcanza el 76%. Pero el número más duro aparece entre los millennials y la generación X (personas de 29 a 44 años): en esa franja etaria, el 80% descarta votarlo.
El apoyo residual del 26,5% tiene un perfil definido y muestra cambios respecto de la base original que llevó a Milei a la presidencia. En la Zona Agro (Córdoba, Santa Fe, La Pampa y otras provincias productivas), el respaldo sube al 30%. Entre los jóvenes de 18 a 28 años, trepa al 36%, casi diez puntos por encima del promedio nacional.
Como novedad, el mileísmo ganó terreno en la Zona Minera Norte y entre las clases altas, dos segmentos que están siete puntos por encima del apoyo general. La base social del presidente sigue siendo joven, pero ahora es más rica y avanzó geográficamente hacia el norte del país. Además, se des-masculinizó: las proporciones de hombres y mujeres que lo apoyan están parejas.
Esperanza en mínimos
Incluso dentro de ese núcleo de apoyo, la fe en el gobierno se desmorona. Del casi 27% que todavía lo respalda, solo un 14% conserva esperanzas genuinas en la gestión. Otro 13% se sostiene en la idea de que simplemente no hay alternativas. Un 12% se mantiene expectante pero con mirada negativa. Y el 61% restante de la población directamente lo rechaza y teme que la situación empeore.
El director de Sentimientos Públicos, Hernán Vanoli, advierte que estos números no implican necesariamente una derrota electoral. El menú de candidatos opositores y la coyuntura económica van a ser determinantes. Sin embargo, la encuesta deja en evidencia que en una sociedad que funciona cada vez más como un mercado de expectativas, la promesa libertaria se percibe rota.
Y reparar esa percepción, con los niveles actuales de endeudamiento, ajuste y malestar que muestra el mismo estudio, será el mayor desafío del oficialismo de cara a las urnas.
El Destape




