En comunicación con los estudios de CIUDAD TV, la psicopedagoga Marianela Amato, analizó el trasfondo emocional de las amenazas y conductas disruptivas que se multiplican en las escuelas por parte de adolescentes, hechos y situaciones que vienen generando preocupación y temor en toda la comunidad educativa.
“Hoy, los chicos están más expuestos, más estimulados e hiperconectados. Y, también, más desbordados emocionalmente. Tienen poca tolerancia a la frustración y se ve claramente que hay una falta de límites”, sostuvo la profesional.
Consideró que las conductas disruptivas o amenazas se interpretan como una forma de pedir límites “a gritos” y de llamar la atención bajo la premisa de “yo existo, mírenme”.
Remarcó que el ámbito escolar es el lugar en donde los adolescentes suelen manifestar sus conflictos “porque ahí es donde se siente visto y escuchado, se siente alguien”.
Aseguró que “están teniendo pocas herramientas para poder gestionar sus emociones, sus sentimientos; y están creciendo en un contexto hiperconectados, expuestos a un nivel constante, pendientes de likes en sus publicaciones en sus redes. La adolescencia siempre fue así, es una etapa en donde se procesan y se viven muchos duelos. La adolescencia duele. No hubo cambios, siempre existió la etapa de la adolescencia. En lo que hubo cambios es en el contexto”.
Acentuó que si bien “hay más presencia afectiva de los padres”, no hay límites. “Los límites no se construyen en la adolescencia, se construyen desde la infancia, desde el momento en que yo le digo al niño de 2 o 3 años que a ese alfajor no lo va a comer antes del almuerzo. No se puede pretender poner límites en la adolescencia cuando yo no educo con el ejemplo porque más allá de lo que yo adulto/ referente le puedo decir a mi hijo es también como yo actúo. Si yo adulto/ referente cruzo el semáforo en rojo porque nadie me ve o habilito una cuenta de una red social o un carnet de conducir antes de los 18 años o soy cómplice de comprarles bebidas alcohólicas antes de los 18 años, hay un doble discurso”.
“Tenemos que ser coherentes con los límites porque si no el niño internaliza y naturaliza que los límites son flexibles. Necesitan límites coherentes sostenidos y que estén presentes porque si no a ese límite lo busca afuera”, sostuvo.
Amato analizó que estas amenazas “son una forma de llamar la atención y de decir ‘yo existo'”.
Se refirió a la presencia efectiva y aseguró que aunque puede haber presencia física en el hogar y aunque se comparta el mismo espacio físico, “muchos chicos están totalmente solos, encerrados en la habitación sin ser vistos o escuchados. Justamente buscan un espacio para ser vistos y escuchados y, en este caso, lo hacen en la escuela o en otros lugares a través de agresiones que se dan en otros lados”. “Los chicos se aíslan mucho, es parte de la adolescencia; pero en ese aislamiento hay que acompañarlos, estar, escucharlos, mirarlos a los ojos. Hay que entenderlos y no juzgarlos. Hay que validar sus emociones por más que nosotros minimicemos lo que está pasando”.
“Me parece importante una presencia donde haya límites con coherencia”, apuntó y recalcó que “los límites no se ponen en la adolescencia, empiezan desde la infancia. En la adolescencia nosotros cosechamos lo que sembramos en la infancia”.
Consultada sobre las señales que reflejan que un adolescente necesita ayuda, Amato mencionó indicios que se extienden por al menos dos semanas y que pueden relacionarse a la pérdida de interés en alguna actividad o pasatiempo que le guste, el bajo rendimiento escolar, excusas para no ir a clase (dolores de cabeza o panza) y aislamiento persistente.
Recomendó a los padres “buscar momentos de encuentro real, sin pantallas ni dispositivos”, en algún momento del día “y preguntarnos cómo nos fue, qué nos gustó, qué no. También como adultos contarles que no tuvimos un buen día en el trabajo, que somos vulnerables, pero mirándonos a los ojos sin que nadie interfiera, sin estar con el celular cuando nuestro hijo nos está contando algo”.
“El niño no nace violento. Detrás de muchas conductas que nos están preocupando, hay un adolescente que está pidiendo ayuda y no sabe poner en palabras lo que le pasa. Entonces es muy bueno y muy saludable poder abrir estos canales de diálogo en la familia y en la escuela, pero todo viene de la familia”, manifestó.




