Marcela Acuña, imputada como partícipe necesaria del femicidio de su nuera, Cecilia Strzyzowski, declaró este miércoles ante el jurado popular. Aseguró que nunca vio un cuerpo, sino un “bulto”, aunque admitió haber mentido y tomado decisiones para proteger a su hijo, César Sena. Negó haber planificado el hecho y pidió disculpas a las personas afectadas por sus acciones.
En una declaración que se extendió por casi una hora y media, Marcela Acuña —dirigente social y una de las principales imputadas en el juicio por el femicidio de Cecilia Strzyzowski— habló por primera vez ante el jurado popular. Vestida con una remera blanca y anteojos rojos, relató los hechos ocurridos el día del crimen y los días posteriores, admitiendo que en su afán de proteger a su hijo mintió y colaboró en encubrir lo sucedido.
“No vi un cuerpo, vi un bulto”, dijo ante el jurado. Sostuvo que esa visión la perturbó y que, al recordar las heridas de rasguños que había observado en el cuello de su hijo horas antes, pensó que algo grave había ocurrido. “Por eso salí espantada. En ese momento baja Emerenciano, me dice que deje de dar vueltas y salimos de la casa. Se me cruzaron un montón de cosas por la cabeza”, relató. Explicó que esa confusión formó parte de un “bloqueo psicológico” que —según ella— utilizó como mecanismo de defensa frente a una situación traumática.
Acuña reconoció que mintió en su primera declaración pública, cuando aseguró haber visto salir a Cecilia con vida de su casa. “Mentí porque tenía miedo por César”, afirmó. También admitió haber pedido a Fabiana González que sostuviera la misma versión, con la esperanza de que su hijo “fuera quien contara la verdad” ante la policía.
Durante su exposición, negó haber planificado el crimen o mantenido mala relación con Cecilia. “¿Qué móvil podría tener con una chica que apenas conocía?”, se preguntó retóricamente. Rechazó incluso que su hijo hubiera planeado cometer ese delito. “Si César hubiese planificado algo, no lo habría hecho en mi casa, donde siempre hay gente y hay una cámara de seguridad enfrente que pagamos todos los vecinos”, señaló. Además, desmintió haber ofrecido a la pareja una casa y trabajo en Ushuaia. “Hubiera sido más creíble que les proponga llevar agua a los aborígenes de El Impenetrable”, ironizó.
Respecto de su vínculo con Emerenciano Sena, su ahora expareja y también imputado como partícipe necesario, dijo que su intención siempre fue que él no se enterara de lo ocurrido. “A mí que me den perpetua, pero a Emerenciano que lo suelten, porque es una mochila que tengo”, expresó. Recordó además un diálogo entre ambos en prisión, cuando le pidió perdón y él le respondió: “Entre compañeros, cuando se quieren, no se pide perdón, se dice la verdad”.
Acuña también señaló que su hijo tenía problemas emocionales y que una psiquiatra le había advertido que se encontraba “en alerta roja”, pero admitió no haber prestado atención al aviso. La profesional no fue citada a declarar en el juicio.
En otro tramo, desafió a las querellas y al Equipo Fiscal Especial a interrogarla, aunque estos desistieron. La jueza Dolly Fernández intervino para aclarar que la acusación no estaba obligada a formular preguntas. Aprovechó además para cuestionar la participación de los fiscales Jorge Cáceres Olivera, Nelia Velázquez y el (ahora ministro de Gobierno) Jorge Gómez. Aclaró que sacaba de este grupo a Juan Martín Bogado, quien tomó la investigación cuando ya estaba avanzada.
En el cierre de su testimonio, Marcela Acuña pidió disculpas públicamente. “Pido disculpas por el daño que originé a mucha gente inocente”, manifestó, dirigiéndose especialmente a Gloria Romero, madre de Cecilia; a Fabiana González, a sus familiares y a las familias del barrio Emerenciano.
“Esto que me pasó a mí le puede pasar a cualquier mamá. Pero cuando uno miente y encubre, más daño hace. A partir de ahora estoy más tranquila, sea cual sea el resultado. Les pido por mi hijo, les vuelvo a pedir por él”, concluyó ante el jurado.




