Durante la semana, la organización Argentinos por la Educación dio a conocer un informe en el que analiza la trayectoria escolar de aquellos niños que iniciaron 1er grado en el año 2013, en el que revela que solo tres de cada 100 logró llegar al último años de la secundaria en 2024 sin repetir ni abandonar.
A este dato y sobre todo al escenario complejo actual se refirió Analía Flores, diputada justicialista y miembro de la cartera educativa legislativa, además de especialista en Educación, en el marco de la entrevista realizada en los estudios de CIUDAD TV.
Habló de la terminalidad de los estudiantes, de cualquiera de los niveles obligatorios, y pidió tomar con cautela los tiempos que impone el sistema educativo. “El tiempo y forma son modos arbitrarios: los chicos tiene que terminar la escuela primaria en 7 años, la escuela secundaria en 5. Pero la ciencia pedagógica dice que cada niño tiene su propio ritmo, de acuerdo a su contexto, a su biografía, a toda su circunstancia. No es tan tajante la cuestión. Son números duros, pero son cuantitativos y hoy tenemos que leer la realidad en términos cualitativos”.
Consideró que el hecho de que un niño no termine la primaria en 7 años, “no es el problema, le podría llevar 8. El problema es qué saberes adquirió el niño cuando termina para que pueda seguir en su vida ciudadana. Y tenemos que preocuparnos por los saberes adquiridos más que por cómo transitan esa escolaridad”.
Lamentó que en la actualidad, la administración escolar “haya vuelto a los ’90”. Y sorteando eso, aseguró que “hoy sabemos las nuevas pedagogías y los nuevos enfoques de estos chicos que son del siglo XI y tienen maestros del siglo XX. La escolaridad es una sola, los niveles son distintos”.
Señaló que, en parte, este fue el fundamento en un pedido de informe que impulsó en el Parlamento sobre las políticas socio educativas, “porque uno puede decir que esto es obligatorio, pero el Estado después no te colabora en nada para que el chico no se te vaya de ese tránsito”.
“El informe no te dice que no terminan sino que no lo hacen en el tiempo arbitrario que estableció el sistema. A uno perdió el trabajo el papá, otro sale a cartonear, otro no come bien y entonces la cuestión se complejiza”, sostuvo.
“La complejidad de cómo aprende el otro para que vos puedas saber cómo le vas a enseñar es lo que requiere el sistema educativo en este siglo XXI que es tan complejo y dinámico. tenés que pensar en un sistema educativo inclusivo. Y estos datos duros nos tienen que servir para hacer este análisis interpretativo, comprensivo, político”, manifestó.
Advirtió que “las políticas públicas en educación tiene que ser consensuadas, democráticas y pensadas en acuerdos para llegar a largo plazo”.




