Mientras el Gobierno de Milei podría usar reservas para sostener la banda cambiaria, crece la presión del mercado y se encienden las alertas sobre la deuda externa.
Por Gustavo Reija
Mantener artificialmente el valor superior de la banda cambiaria mediante intervenciones sistemáticas del BCRA representa un ejercicio de dilapidación de recursos escasos. Cada dólar utilizado para sostener un tipo de cambio sobrevaluado constituye un dólar menos disponible para enfrentar los vencimientos de deuda externa que Argentina deberá honrar en los próximos años.
La lógica económica fundamental sugiere que “rifar dólares” para defender una paridad insostenible genera distorsiones que se acumulan y eventualmente estallan en crisis más profundas. Como demostró la experiencia argentina en múltiples episodios históricos, los regímenes cambiarios rígidos tienden a colapsar precisamente cuando las reservas se agotan.
La alternativa ignorada: la flotación como mecanismo de estabilización automática
Un sistema de tipo de cambio flotante funcionaría como amortiguador automático frente a shocks externos, eliminando la necesidad de sacrificar reservas para defender paridades artificiales. La depreciación gradual y continua del peso preservaría la competitividad exportadora sin requerir intervenciones costosas del banco central.
El argumento del gobierno de que un dólar más alto impactaría sobre la inflación se contradice directamente con el mantra de Milei: “La inflación es, en todo lugar y todo momento, un fenómeno monetario”. Si el Presidente está convencido de esto, un incremento del valor de la divisa extranjera, en un marco de superávit fiscal y no emisión, no debiera impactar sobre la tasa de inflación. ¿O será que Milei no está convencido de sus dichos?
Más fundamentalmente, la flotación cambiaria devolvería al BCRA el control sobre su política monetaria, permitiendo que las tasas de interés se orienten hacia el control inflacionario en lugar de la defensa cambiaria. Esta reorientación de prioridades resulta esencial para construir credibilidad institucional genuina.
En el contexto actual, donde Argentina enfrenta vencimientos de deuda significativos, cada dólar gastado en sostener la banda representa un recurso sustraído de la acumulación de reservas necesaria para despejar dudas sobre la capacidad de pago soberana.
La caída en el precio de los bonos y, el consiguiente aumento en el Riesgo País, vuelve más lejano el acceso al mercado internacional de financiamiento y la posibilidad de “rollear” los vencimientos de deuda.
La paradoja resulta evidente: un gobierno que proclama la ortodoxia fiscal implementa una política cambiaria intervencionista que erosiona sistemáticamente los recursos necesarios para garantizar la sostenibilidad de esa misma ortodoxia.
Evaluación de riesgos: análisis de escenarios prospectivos
La dinámica del mercado de futuros proporciona indicadores adelantados sobre expectativas devaluatorias. Los contratos posteriores a octubre cotizan sistemáticamente por encima del precio teórico del techo de banda, con posiciones a fines de octubre en 1.523 pesos cuando el límite teórico será 1.494 pesos. Esta divergencia del 1,9% refleja la disposición del mercado a pagar primas de seguro ante riesgos de ruptura cambiaria.
La diferenciación creciente entre cotizaciones del contado con liquidación y dólar MEP señala preferencias por atesoramiento externo, interpretable como indicador de desconfianza en la sostenibilidad del esquema. Esta divergencia constituye un indicador adelantado de presiones de salida de capitales.
Perspectivas de sostenibilidad: marco de análisis temporal
La evaluación de sostenibilidad del régimen cambiario debe considerar el calendario de vencimientos de deuda en moneda extranjera: US$ 18.700 millones durante 2026, incluyendo US$ 4.500 millones con vencimiento en enero. Esta carga financiera, combinada con la imposibilidad de acceso a mercados internacionales de crédito configura un escenario de restricciones estructurales severas.
La política económica no puede reducirse a marcos simplistas que ignoran las interacciones sistémicas complejas. Argentina necesita urgentemente una estrategia cambiaria que privilegie la acumulación de reservas sobre la defensa de paridades insostenibles.
La verdadera señal de confianza en el plan económico no radica en defender artificialmente el tipo de cambio, sino en permitir que los mercados valoren libremente la moneda doméstica, liberando recursos para fortalecer la posición fiscal de largo plazo.
Publicado en El Economista




