Tras estar en ventaja durante casi todo el encuentro, Argentina cayó en la acción final; el bonus por la diferencia sabe a poco. En el segundo tiempo Australia fue mejor que los Pumas y lo capitalizó en la última acción.
No hay situación más electrizante y tensionante en el rugby que la de un desenlace de partido en el cual un equipo está perdiendo pero al borde del in-goal ajeno con la pelota. Tiene todo el ancho de la cancha como para apoyarla detrás de la línea, pero 15 – si están todos – adversarios tratando de impedirlo. La cuestión es encontrar ese hueco y poner ahí el balón, sin que antes se caiga hacia adelante.
Ese desenlace de incertidumbre y adrenalina se vivió en Australia vs. Argentina, por la tercera jornada del Rugy Championship. Ganaban los Pumas por 24-21, pero la pelota era propiedad de Wallabies. Una puntada amarilla; la pared azul. Otra, y de nuevo los argentinos tirándose con todo a defender. A veces, excediéndose. Pero Australia, en vez de preferir un penal fácil para igualar en tiempo cumplido, elegía patear al touch o jugar free-kicks para ir en pos del try. El try era victoria, no empate.
Los Pumas estaban al borde del try-penal en contra, por repetición de infracciones. El referí Paul Williams, neozelandés, no lo otorgó. Pero a Wallabies no le hizo falta. Siguió decidiendo tratar de ganar en lugar de asegurarse una igualdad, finalmente encontró la hendija y Angus Bell entró como un ariete en posesión del balón, cerca de la hache. Y no había más tiempo que para el intento de conversión. El gol de James O’Connor ni siquiera fue necesario: Australia 28, Argentina 24.
Los Pumas sintieron algo muy semejante a lo de un año atrás en La Plata, cuando una infracción en la última acción del juego permitió un penal que decretó la derrota a manos de Wallabies, también por el Championship. Esta vez, en el sábado esplendoroso de la calurosa Townsville, se parecieron más a los de aquella derrota ajustadísima (20-19) que a los de la histórica goleada (67-27) de una semana después en Santa Fe, y entonces, al cabo de tres fechas, acumulan dos caídas en el torneo del hemisferio Sur.
El resultado limita mucho sus posibilidades de conquistar este Rugby Championship, pues si bien Australia creció en el último año, todavía está nítidamente por debajo de los poderosos Springboks y All Blacks, enfrentados a continuación en Auckland.
Superiores en la primera mitad, aun con menores posesión y territorialidad, los Pumas fueron mayormente dominados en la segunda, cuando el conjunto anfitrión, debajo en el tanteador, presionó más. Una amonestación a Mateo Carreras condicionó el rendimiento y sobrevino el peor momento del partido para los argentinos, que, aun así, no quedaron debajo en el tablero.
Tras un 21-21 que propició un desenlace incierto, los visitantes consiguieron un penal que Juan Cruz Mallía convirtió a poco más de un minuto del cierre del tiempo regular, pero Australia no sólo no se entregó, sino que no se conformó con una paridad como local. Fue a fondo y obtuvo su segundo triunfo en el certamen, que lo dejará bien posicionado en la tabla al cierre de la jornada.
Argentina volvió a pagar cara la indisciplina, con esa tarjeta amarilla que recibió en el peor pasaje de su juego, más allá de muchas quejas albicelestes por la actuación del referí. Una producción claramente inferior a la ofrecida en Buenos Aires dos semanas atrás, la de la primera victoria en casa sobre Nueva Zelanda (29-23), dio lugar a este revés doblemente doloroso: por la última pelota de la tarde y por la drástica reducción de las chances de apoderarse por primera vez del Championship.
La Nación




