Por Pablo Tigani
Argentina navega una crisis de volatilidad extrema, con tasas récord, déficit creciente y una economía real en caída. Sin embargo, el Gobierno insiste en un ajuste sin plan macro claro.
Si Kuwait en 1991 fue liberado por la “Operación Desierto”, hoy Argentina padece otra versión; un desierto financiero secado por Caputo y su equipo en la plaza monetaria. La economía local exhibe una combinación inédita de improvisación, sobrerreacción y volatilidad extrema que pondría celosos a veteranos operadores de Wall Street.
La industria se desploma 11,3% interanual en julio, la construcción cae 21,8% y la confianza del consumidor baja casi 14 puntos, mientras el crédito real se desacelera a 1% en 30 días desde un 3,7% promedio mensual previo. La política monetaria oscila entre absorber excedentes de pesos y reinyectarlos, generando tasas interbancarias que saltaron de 32% a más de 76.66% TNA en cuestión de semanas, con volatilidad inédita (mínimo 23%, máximo 148% en operaciones de caución).
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Karina Milei, Javier Milei y José Luis Espert. En las mesas, ironizan que “si el Gobierno no pudo ni organizar una caravana Presidencial por el conurbano bonaerense, ¿cómo planeaban salir del embrollo actual?”.
Demasiado ruido político, tasas al rojo vivo y la lupa en dólar futuro: el mercado no compra relatos Frente a estos números, los lectores de finanzas internacionales deben preguntarse: ¿cómo sobreviviría cualquier Gobierno en este escenario?
Desarrollo cuantitativo
El gobierno de Javier Milei mantiene un respaldo social significativo, pero los datos fiscales y monetarios muestran fragilidad estructural. El superávit primario alcanzó 1,6% del PBI, insuficiente frente a un déficit fiscal de 3,7% y un pago de intereses de 5,2% del PBI. Para sostener la deuda, sería necesario un superávit primario del 4,5%.
La política monetaria, luego del desarme de las LEFIs por $15,5 billones y la colocación del Tesoro por $5,6 billones, creó un exceso neto de $9,9 billones -equivalente a un tercio de la base monetaria – disparando tasas de caución al 12% inicialmente, y luego al 80-150%, con ajustes sucesivos de encajes del 11,6% al 16,3% entre julio y agosto, niveles inéditos desde noviembre de 2019 (Macri). La volatilidad extrema impactó depósitos privados (-$6,3 billones) y totales (-$2,4 billones), encareciendo el crédito y frenando la actividad económica.
En el mercado cambiario, pese a un superávit comercial de $989 millones en julio y acumulado $3.750 millones hasta julio, la cuenta corriente sigue mostrando un déficit cercano al 2% del PBI, con fuerte formación de activos externos. El BCRA, tras recibir $2.000 millones del FMI, volvió a perder reservas, y las netas permanecen negativas. La política de acumulación de reservas y control del dólar se sostiene únicamente con tasas exorbitantes, no por mejoras genuinas en la balanza externa.
En materia de deuda y financiamiento, el Tesoro enfrenta la necesidad de renovar al menos 74% de los vencimientos restantes de 2025 (aprox. $45,6 billones) con depósitos propios de $12 billones, mientras los rollover en licitaciones recientes apenas alcanzan 61-100%, dependiendo del ajuste por vencimientos previos. Las tasas de LECAP y bonos encaje alcanzan niveles récord (hasta 81% anual efectivo), mostrando la presión extrema sobre el financiamiento interno.
En la economía real, la recuperación es heterogénea: agro, minería y servicios financieros lideran, mientras construcción (-21,8%), industria (-6,6%) y comercio (-5,3%) continúan rezagados. El PBI proyectado para 2025 se recorta en privado a 3.5% año contra año, con contracción probable de (-0,8% trimestre contra trimestre) en el tercer trimestre.
La inflación mensual se ubica en torno al 2%, con un pass-through limitado del dólar a precios. La desaceleración del crédito y el aumento de morosidad amenazan la cadena de pagos, mientras la inversión extranjera directa cae 90,2% interanual en el primer trimestre, con desinversión industrial de (-$340 millones) y salida neta de $1.182, millones por (M&A) fusiones y adquisiciones.
En síntesis, Argentina opera con tasas de interés récord, rollover débil, reservas negativas y déficits fiscales crecientes, todo bajo un clima político confrontativo, hechos de corrupción y una gestión errática de liquidez. Caputo y Milei bailan sobre el Titanic financiero, mientras la economía real se hunde lentamente en un mar de volatilidad, déficit y endeudamiento insostenible.
Haciendo abstracción de los aspectos sociales, con el marco teórico del gobierno, la estabilización posterior a octubre requerirá un plan macroeconómico sólido y reformas estructurales profundas; aumento del superávit primario, fortalecimiento del tipo de cambio real, reforma laboral, previsional e impositiva, y reestructuración de la coparticipación.
Sin estas medidas, la coyuntura seguirá marcada por improvisación, riesgo financiero extremo y vulnerabilidad social, recordando que incluso la mejor coreografía sobre el Titanic no evitará que el barco se hunda.
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