En diálogo con CIUDAD TV, el pastor Norberto Saracco, director de ACIERA, organización que reúne a numerosas iglesias evangélicas del país, se refirió al discurso de Javier Milei durante la inauguración de un templo cristiano el sábado pasado en Resistencia, en el marco de una congregación a la que consideró como “muy importante”, teniendo en cuenta que se trata del templo evangélico “más grande que tenemos en Argentina”.
“Personalmente aprecio el Ministerio y el trabajo del pastor Ledesma y todo lo que están haciendo ahí, vienen por años trabajando así que primero quiero manifestar esto para poner en contexto otra opinión acerca del acontecimiento”, sostuvo.
Consideró que un acto de esa magnitud “bien merece que las autoridades públicas se hagan presentes porque no es una cuestión menor semejante acontecimiento”.
Sí puso sobre relieve el hecho de que se haya cedido como parte del programa de este acontecimiento un espacio al Presidente de la Nación, “no simplemente para saludar sino para que tenga su manifestación. Es ahí donde yo levanté algunas preguntas porque definitivamente hecho de esta manera, o esa es la imagen que se da, parecería como que las iglesias evangélicas estamos detrás de esta posición política”.
”La verdad que mi palabra no es en contra del Presidente sino del hecho de que no es así. La iglesia evangélica es muy plural, muy diversa y a veces un acto de esta magnitud resulta en esto que la verdad que también incomodó a mucha gente del pueblo evangélico porque no quería verse presentada en esas circunstancias. Estoy seguro que no se midieron las consecuencias”, agregó el pastor, quien es uno de los más relevantes teólogos pentecostales argentinos.
“Mi reacción en su momento fue esa, como para marcar los límites. Pero esto no afecta en nada desde mi perspectiva el papel que tiene la iglesia allí, lo que hace la congregación, de ninguna manera”, manifestó.
Consideró sí que “un acto público de esta manera, desde una plataforma religiosa, por más que sea un acto de inauguración, afecta el testimonio, el concepto que la sociedad puede tener de una iglesia evangélica”.
“Dicho esto, el Presidente, en su alocución, hizo mención a las escrituras y a ciertos textos bíblicos y eso también me da el espacio para expresarme en cuanto a eso”, dijo y aclaró: “No es que yo voy discutiendo con el Presidente por acá o por allá. Si usa un púlpito, como pastor, tengo el derecho y la obligación de simplemente decir que hay cosas que dijo que en verdad no coinciden con lo que nosotros entendemos dicen las Sagradas Escrituras. De ahí la reacción”, sostuvo.
“Sé que provocó mucho revuelo, pero concretamente es eso”, manifestó.
“No quiero calificar, pero respetuosamente digo que afirmaciones que se hicieron desde ese lugar en boca del Presidente, como que la Biblia respaldara esta cuestión de la eliminación del Estado, de dejar todo librado a las iniciativas y posibilidades personales, de hacer desaparecer la justicia social, son expresiones muy peligrosas y de hecho no se ajustan a las Escrituras de ninguna manera”, afirmó y enfatizó que la justicia es un tema central, un hijo conductor, desde el Génesis hasta el Apocalipsis.
Aunque reconoció que hubieron “pésimas experiencias con el Estado” y que llevaron a que hoy en la Argentina haya más del 50% de la población pobre, “un Estado que no se ha cansado de robar”, para el Pastor la solución no es su eliminación. “Necesitamos un Estado sano, honesto y justo para regular las fuerzas de la sociedad”.
Remarcó que no todos tienen las mismas oportunidades, y que si se deja al ser humano “libre a sus posibilidades esto se transforma en una jungla imposible de vivir”.
“Me parece sano frente a la sociedad que entendamos que hay diversas miradas, que no hay pensamiento único, mucho menos en el protestantismo que es bien diverso y valoramos esa diversidad. Tenía la necesidad de marcar estos aspectos y esto es independiente de lo que significa para la sociedad de Resistencia la comunidad del pastor Ledesma”, manifestó.
El Pastor Saracco expresó el deseo de una construcción social que vaya más allá de los aspectos económicos y enfatizó la necesidad de recuperación social y establecer pautas de convivencia aceptando a quienes piensan diferente “que no es un enemigo”. “Venimos de décadas de tratar de construir poder creando enemigos”.
Abogó por una sociedad donde se respeten las diferencias y donde quienes piensan diferente no sean considerados enemigos.
Concluyó instando a todos a contribuir a la paz “con respeto a las diferentes miradas, que nos permita disentir en la diversidad”, y al bien común. “Y a los hombres y mujeres de fe que en verdad podamos hacer que esa fe que tenemos redunde en bendición y en el bienestar para todos”.




