Por José Mongeló*
No es solo una medida contra el Chaco. Es una herida al corazón productivo de la Argentina. Es una muestra de desprecio por las economías regionales y por quienes, lejos de la Capital, sostienen día tras día la producción nacional.
La Ley 26.060 no era un privilegio ni un favor. Era una política federal diseñada para proteger a los pequeños y medianos productores, para garantizar empleo rural, brindar estabilidad frente a los vaivenes del clima y del mercado, y equilibrar las profundas asimetrías territoriales que arrastramos desde siempre. No se regalaba nada. Fue una conquista colectiva que reconocía derechos y los hacía realidad.
Eliminarla de un plumazo, sin debate, sin consulta a las provincias afectadas, sin escuchar a los productores, es gobernar como si la Argentina terminara en la General Paz. El argumento de la “eficiencia fiscal” es una máscara: no se está recortando un gasto superfluo, se está destruyendo una política que defendía trabajo, arraigo y soberanía.
El gobierno nacional parece creer que la Argentina es una empresa, que los números pueden ajustarse sin mirar las consecuencias humanas. Pero no es así. La Argentina no es una sociedad anónima. La Argentina es una comunidad. Y en una comunidad, el Estado tiene la obligación de proteger a su pueblo y de sostener a quienes producen. Porque sin producción no hay Nación. Sin trabajo no hay Nación. Sin el Norte no hay Nación.
Ajustar las economías regionales es ajustar la Patria. Abandonar a los productores algodoneros es abandonar un modelo nacional. Esto no es una cuestión técnica, es una definición política. ¿Qué Argentina queremos? ¿Una concentrada en cuatro manzanas de la City, o una Argentina federal, con oportunidades y dignidad para todos?
El peronismo nos enseñó que donde hay una necesidad, hay un derecho. Y la necesidad del pequeño productor algodonero es clara: previsibilidad, financiamiento, acompañamiento, protección ante los golpes del mercado y del clima. El trabajo no es un gasto. La producción no es un lujo. Son la base de la Argentina que queremos y debemos defender.
Perón nos enseñó que gobernar es crear trabajo, que el trabajo es el ordenador social, que las provincias no pueden ser periferias. La justicia social no es un eslogan: es una obligación.
Por eso hoy quiero decir con absoluta claridad: esta decisión es absolutamente, discriminatoria y profundamente antifederal. No la acepto. Y no la voy a silenciar. Porque el algodón no es solo una fibra: es identidad, cultura, trabajo y soberanía.
No permitamos que nos borren del mapa productivo. No permitamos que nos quiten la palabra “desarrollo”. No permitamos que el sacrificio de tantos sea tratado como un número en un balance de ajuste.
El Norte no se arrodilla. El interior no se entrega. La Argentina no se vende.
Porque sin el Norte no hay Nación.
*Diputado nacional (mc), Lic. en gestión de Políticas Públicas




