Durante la entrevista, Dortignac subrayó que la salud mental abarca el equilibrio emocional, el manejo de los pensamientos y la calidad de las relaciones sociales. “Uno de los estudios más largos de la neurociencia, hecho en Harvard, demostró que lo que más influye en la salud mental a lo largo de la vida son los vínculos significativos. Esa sensación de pertenencia y sentido es clave para el bienestar”, explicó.
Consultado sobre cómo detectar que algo no está bien, Dortignac recordó que el cerebro humano evolucionó para detectar amenazas, no para ser feliz, y que hoy vivimos en un entorno con niveles crecientes de estrés. Si a esto se suman antecedentes familiares de depresión o ansiedad, pueden activarse ciertos trastornos. “Hay una parte genética, pero también pesa mucho la historia de vida: traumas, violencia, abandonos. Todo eso puede generar vulnerabilidad”, sostuvo.
El especialista destacó la importancia de la prevención y de acudir a un profesional antes de que la situación empeore. “En salud somos reactivos: vamos cuando ya estamos mal. Prevenir y trabajar hábitos saludables es algo que se dice poco, pero es fundamental. Hacer ejercicio, comer bien, tener una red de vínculos, practicar regulación emocional, todo eso suma”, afirmó.
Entre los síntomas que alertan sobre posibles trastornos, Dortignac mencionó el insomnio persistente, pensamientos negativos constantes, desgano, pérdida de placer y de apetito, falta de energía y sensación de desesperanza. “Hoy en día aumentaron las consultas. Venimos de una pandemia que nos afectó a todos, sumado a la inestabilidad económica, el estrés y la incertidumbre del país. Todo eso impacta”, dijo.
Frente a estos escenarios, recomendó asumir que la salud mental necesita trabajo y conciencia. “Hay que aprender a pensar de manera más optimista, pero con realismo. Martin Seligman, el padre de la psicología positiva, decía que era pesimista por naturaleza, pero optimista por aprendizaje. Regular emociones, tener hábitos sanos, evitar excesos, hacer actividad física… todo eso ayuda”.
Sobre los tratamientos, explicó que su duración depende de cada caso, de los recursos que tenga la persona para afrontar la situación y de la gravedad del episodio. “Por ejemplo, un ataque de pánico puede tener una solución rápida si se detecta a tiempo. Pero si no se trata, puede cronificarse y limitar mucho la vida del paciente”, señaló. También confirmó que los trastornos de ansiedad son el primer motivo de consulta en salud mental, seguidos por la depresión, que puede resultar muy invalidante.
Dortignac defendió el uso de medicación cuando es necesario, pero dentro de un enfoque integral. “Las drogas actuales son más específicas y seguras. La medicación puede ayudar a ‘empujar el auto’ cuando uno está empantanado. Pero siempre debe estar acompañada de una mirada holística: la historia del paciente, su entorno, su forma de reaccionar. No sirve medicar sin entender a la persona”.
Advirtió además sobre los riesgos de abandonar tratamientos sin control médico. “En casos de depresión moderada, no tratar puede llevar a una recaída o incluso a un riesgo suicida. En crisis de pánico, no intervenir puede derivar en un cuadro de aislamiento o inactividad prolongada”.
Finalmente, alentó a quienes estén atravesando una situación difícil a buscar ayuda profesional. “Sí, se puede salir. Hoy hay muchas herramientas, nuevos enfoques terapéuticos, avances en neurociencia, recursos psicoterapéuticos y fármacos modernos. Pero lo importante es no quedarse solo”, concluyó.




