Año X | EDICION 3537 Actualizado: 21:12
Resistencia, Lunes, 01 Septiembre 2014

Una banda lo capturó en la puerta de su casa

Se cumplen siete años del secuestro de Christian Schaerer

En dos juicios se juzgó a 13 imputados, de los cuales siete fueron condenados. Hay dos prófugos. Uno es Rodolfo “El Ruso” Lorhman, y el otro, Horacio Potrillo Maidana. Hasta ahora no se sabe qué pasó con el joven a pesar de que se pagó el rescate.

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La madre de Cristian y su lucha por Justicia.

Christian Schaerer, el joven correntino que fue levantado por José Rodolfo Lorhman, Gonzalo Adrián Acosta y Claudio Sebastián Corneli Belén, en un operativo tipo comando el 21 de septiembre de 2003, contó con la colaboración necesaria en la planificación, el trabajo de inteligencia y apoyo logístico, entre otras cuestiones, de José Horacio Maidana, Ángel Barbieri, Raúl Salgán, Cristian Ramón Carro y Horacio Barczuk, entre otros. Y de ellos, falta detener a Lorhman y Maidana, entre los más comprometidos con el aberrante hecho. Estos últimos son los que juntamente a Carro pergeñaron el secuestro de Christian, al no poder lograr el del padre, Juan Schaerer, un tiempo antes en la República del Paraguay.

José Rodolfo Lorhman conformaba la banda llamada de la Triple Frontera. Fue discípulo dilecto del Gordo Valor en los 80, asaltante de bancos y blindados en los 90, y cerebro de los más resonantes secuestros extorsivos de esta década. Es un personaje escurridizo a quien en un tiempo toda la policía y las fuerzas de seguridad del país lo buscaban intensamente, pero él difícilmente se muestre en público por el riesgo a ser reconocido.

Una vez, un compañero de andanzas manifestó que no se iba a entregar, y si lo acorralaban iba a llevarse a unos cuantos uniformados. Las fuentes judiciales no abrigan muchas esperanzas de que el Ruso, tal su apodo, pueda ser capturado en el corto plazo porque su capacidad de movimiento es casi infinita debido al poder económico que acumuló en los últimos tiempos.

Él y su principal socio, José Horacio Maidana, estuvieron involucrados por lo menos en ocho secuestros que les reportaron mucho dinero, con el que se cree montaron negocios clandestinos en países del Mercosur, donde, según se sospecha, todavía se mueven sin ser detectados. También recaudaron por narcotráfico, lavado de dinero y crímenes varios cometidos en la Argentina, Brasil, Paraguay, Uruguay y Venezuela.

Lorhman nació en Concordia el 5 de febrero de 1965 y al cabo de unos años se radicó junto a sus padres y sus dos hermanas en Lima. Allí aprendió el oficio de ladrillero, pero rápidamente se pasó al cuatrerismo.

Luego robó automóviles y finalmente se sumó a los piratas del asfalto, liderados por Luis Valor (Gordo). Su radio de acción estaba entre Zárate, Campana, San Nicolás y Pacheco, donde saqueaba camiones de todo tipo, en especial los que transportaban fármacos. Después de tres años en la cárcel de Olmos por delitos comunes, buscó las fronteras.
En Paso de los Libres conoció a José Horacio Maidana, alias Potrillo. Compatibilizaron a la perfección. El Ruso, con sus dotes de mando, se encargó de conducir la banda en terreno.

En cambio, Potrillo, correntino de nacimiento, de aspecto duro y ordinario, hoy tendría 49 años y 1,90 metro de estatura, igual que Lorhman, pero es menos dúctil en público. Lo suyo es mayormente la planificación. Se encargó de armar el entramado de mensajes de correo electrónico que sirvió para intercomunicar a la banda antes, durante y después del secuestro de Christian. Además fue quien negoció con el padre de la víctima la entrega del dinero, monto, etc. Maidana cultiva un perfil bajo; las fotografías que constan en los expedientes de la investigación son escasas y la relación con sus padres, un ex prefecto y una empleada de la terminal de Paso de los Libres, es nula desde hace años. También tiene un hermano que es médico y trabaja en la ciudad fronteriza.

José Horacio Maidana es más inteligente y aún más escurridizo que su socio; se especula que no los capturan porque se mueven mediante el soborno y las amenazas. Dicen de ellos que son bancos móviles: en los puestos camineros pueden poner hasta 10 lucas para seguir viaje.

El Ruso y el Potrillo son muy hábiles, saben ocultarse, pero sobre todo aprovechan las limitaciones que tienen sus perseguidores (cuando se los buscaba). Ahora, si no es por la propia acción o descuido de ellos mismos no van a ser capturados, arriesgan fuentes que los conocen desde hace mucho tiempo. La indolencia de las autoridades en tal sentido es más que obvia.

Estas fueron las escuelas de estos dos hombres, dueños del secreto sobre el paradero de Christian. Para descifrarlo, sólo se tiene a testigos que saben menos que la policía, a cómplices que mantienen el pacto de silencio por miedo a la vendetta, que ni aún los cien mil dólares estadounidenses ofrecidos a quienes brinden información para su captura los conmueven.

Fuente: La República