Año X | EDICION 4567 Actualizado: 21:04
Resistencia, Martes, 27 Junio 2017

El futuro del movimiento nacional

Hernán Brienza: “Cristina debe llevar adelante una reinvención de sí misma”

20/06/2017 En su paso por Resistencia, donde participó de la Feria del Libro, el periodista, historiador y politólogo analizó la coyuntura política y las posibilidades de la ex presidente de reconstruir un proyecto nacional y popular para confrontar con el gobierno de Mauricio Macri

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Brienza: “Cristina debe llevar adelante una reinvención de sí misma”

“Cuánto peor le vaya a Macri, mejor le va a ir a Cristina. Pero también es cierto que los votos desilusionados con el macrismo no van automáticamente a Cristina. Creo que Cristina debe llevar adelante una operación de reinvención de sí misma, pensar cómo reconquista a aquellos sectores de clase media que perdió”, reflexiona Brienza sobre el presente pero más sobre el futuro de eso que se ha dado en llamar “el Movimiento Nacional”. El politólogo va más allá, y afirma que “anclado en el método reivindicatorio creo que el peronismo no vuelve: la gente vota por el futuro no por el pasado. Incluso ni a Perón lo votaron por el pasado, lo votaron para que desarme el bolonqui que se había generado con la dictadura de Onganía y con la lucha armada entre las organizaciones políticas y las militares durante la dictadura”.

 

También se mete en la discusión sobre los pedidos de autocrítica por la derrota del campo popular en las presidenciales de 2015 que permitieron la instalación en el poder del gobierno de Mauricio Macri. “No me cabe ninguna duda que Cristina hizo una autocrítica lo que no sé es si tiene que hacerla pública. Pero más allá de esa publicidad autocrítica, esa autocrítica es necesaria de hacer si y sólo si sirve para acumular poder. Para qué vamos a decir ‘sí, me equivoqué’ si no vas a ganar nada. Solamente hay que hacerlo si es parte de una táctica electoralista o de acumulación de poder no para que todos vean cómo te desgarrás y te hacés el harakiri”, advierte. 

 

“Es más importante que la autocrítica, una reinvención; cómo te posicionás hacia el futuro, y cómo te posicionás actitudinalmente hacia el futuro. Qué cosas cambiás si es que podés cambiarlas. Hay liderazgos que no pueden cambiar su forma de ser, hay liderazgos tan auténticos que no pueden cambiar su forma de ser. Cristina en algún punto es tan auténtica que no puede dejar de ser ella misma. Ella no podría mirar a la cámara como Mauricio Macri y decir: ‘vamos a ir todos juntos, porque juntos es mejor, te prometo que no te vamos a sacar nada’. Esa estupidez Cristina no la podría hacer, porque sentiría que no es ella. Por eso creo que la figura de Cristina va por un andarivel que es el de la trascendencia histórica y no por el de la habilidad política. Muchos creen en esta lógica que Néstor era el habilidoso, pero la que trasciende en términos emocionales es Cristina, la que conmueve a las mujeres, a los hombres, es Cristina, la que genera pasión es Cristina. Néstor podía ser muy brillante y habilidoso, era como Harry Potter, capaz de hacer magia política, pero la que conmueve, la que emociona, es ella. La que generó una relación hasta simbólica fue Cristina y eso es bueno saberlo”.

 

Quién conduce al peronismo: ¿Una derrota por exceso de estupidez?

 

“El peronismo en la derrota es un movimiento invertebrado y miope, como decía -(John William) Cooke, que no sabe adónde ir, que no sabe qué hacer, que se fagocita a sí mismo, que entra en internas estúpidas, que pierde la vocación de poder que lo mantiene vivo cuando está en el poder. El peronismo sabe resolver muy bien la administración del poder y la gobernabilidad. Y no se halla en la oposición, porque como tiene una intuición por saber dónde está el poder, tiende a acercarse al poder en vez de combatirlo”, conjetura Brienza. Y señala que “más que la cuestión de la conducción, lo que ocurre, como en los setentas, es la derrota. En el Manual de Conducción dice que solamente conduce el que gana, cuando se pierde se pone en tela de juicio todo tipo de conducciones”. “Al perder el gobierno en 2015, ¿a quien le cargás la derrota: se la cargás a Scioli, a Randazzo, a Cristina? La interna del peronismo está viendo quién se carga esa derrota, quién se tiene que hacer la autocrítica. Nadie hace autocrítica, todos le reclaman autocrítica al otro, todos son partidarios de la autocrítica del otro, nunca de la propia”.

 

“El fenómeno de si hay reemplazo o recambio de la conducción o no, está ocurriendo. Dentro del campo nacional y popular hay un 60 por ciento que apoya a Cristina como conductora, y hay un 30, 35 o 40 por ciento que no, no puede ser hegemónico hacia el interior del movimiento nacional. Pero pareciera que Cristina, que tiene hegemonía hacia el interior, tiene un techo muy bajo en términos competitivos electorales hacia afuera del proyecto nacional y popular, su propia alianza. Ahí se produce un cuello de botella, donde los que no tienen la mayoría en el interior dicen ‘si pudiéramos construir un liderazgo diferente ganaríamos porque Cristina tiene un techo muy bajo’, y desde el kirchnerismo se dice ‘no está probado que tengas un techo más alto que el nuestro, te falta muchísimo tramo para recorrer para llegar a un techo más alto que el que tenemos nosotros y además nosotros hegemonizamos hacia el interior y somos los que más votos sacamos hacia el exterior’. En esa encrucijada es que se producen estas negociaciones o estos disensos internos que, si no se manejan bien, te pueden llevar a una derrota por exceso de estupidez”.

 

Avanzando ya en un análisis más territorial, justifica por qué las definiciones que se produzcan en la provincia de Buenos Aires monopolizan todas las miradas. “La provincia de Buenos Aires opera como el gran ariete de la negociación contra los sectores dominantes, si ganás la provincia tenés eso para golpear a las clases dominantes y hacerlas sentar a negociar. Si no ganás eso, es muy difícil que puedas tener poder real. El kirchnerismo basó sus doce años sobre ese poder, aunque perdiera las elecciones de medio término, tenía las intendencias, los poderes ejecutivos. El volumen de votos de la provincia es tan grande que impide que haya cualquier tipo de competencia: 16 millones de personas. Las provincias grandes son más chicas que La Matanza”, grafica. Esos números resultan objetivamente inapelables. 

 

El peor cambio

 

Brienza también analizó la acumulación de errores que pudieron llevar a la derrota del 2015, aunque reconoció que más allá de los errores cometidos por el kirchnerismo, “las sociedades a veces quieren cambiar”. “Se puede hablar de errores políticos, quizás merma en la voluntad de ganar, contradicciones, errores de distintos jugadores, el candidato no conformaba a un gran espectro del propio kirchnerismo, la decisión de Cristina de no ir con un candidato propio como hizo Correa en Ecuador con Lenín Moreno, las PASO sangrientas de la provincia de Buenos Aires, una sucesión de errores propios, no forzados…pero también es cierto que había cierto cansancio en la sociedad por doce años de gobiernos de un mismo color”, reflexiona. 

 

“Las sociedades a veces quieren cambiar y la palabra cambio tiene muy buena prensa en la vida de todos nosotros. Si te pregunto si querés que tu vida siga igual o que cambie, vas a apostar por el cambio, sin saber por qué porque tu esperanza sostiene que el cambio va a ser para mejor. No se le puede prohibir a una persona o a un sector social que quiera más, lástima que la equivocación fue tan costosa”, estima Brienza. No obstante, advierte que “castigar a aquellos sectores que quisieron más y, quizás, no se dieron cuenta de lo que estaban perdiendo, no es una buena táctica política”. 

 

“Ese cansancio también tiene que ver con las formas, con los discursos, con las narraciones, con la forma en que comunicábamos los kirchneristas, con las formas en que contábamos la historia, algunas formas de articular política con el movimiento obrero y algunas políticas que podían haberse implementado y no se implementaron”, enumera. Sin embargo, recalca que también juega el adversario. "El sector de Mauricio Macri hizo una campaña impecable, a costa de mentir, de engañar, pero es parte del juego político. No hay una ley que diga que un político no puede mentir en campaña. Uno cuando quiere ganar tiene derecho a todo. En la guerra y en el amor vale todo, dice el dicho, traspolémoslo a la política: en la política y en el amor vale todo. Y creo que, técnicamente y en términos comunicacionales, el macrismo hizo una campaña muy sólida, donde era muy difícil contrarrestarla porque, además, había logrado ponerte en el lugar del conservadurismo, donde el kirchnerismo no podía hacerse cargo de la transformación sino que lo único que le quedaba era conservar y reivindicar a paquete cerrado todo lo que había hecho”. 

 

“Al ocho de diciembre de 2015 el peronismo era una fuerza muy conservadora porque quería conservar todo lo que había ocurrido en esos doce años y no quería tocar nada. Y la gente se daba cuenta que había cosas que no funcionaban, que no estaban bien, y que debían ser cambiadas. Claro, el cambio que se llevó adelante es el peor cambio posible: el que va en contra de los trabajadores, en contra del Estado, con un endeudamiento brutal, un empobrecimiento de los sectores populares. Macri prometía cambiar lo malo y dejar lo bueno e hizo lo contrario: dejó lo malo, porque el nivel de confrontación de Macri de alguna manera está heredado de alguna lógica amigo-enemigo laclausiana del kirchnerismo, pero creo que es un reforzamiento. El kirchnerismo jamás tuvo los niveles de violencia mediática, judicial, de desaparición del otro que tiene el macrismo. Para el macrismo el que no comparte su modelo económico es un mafioso, no hay que dialogar con los que no quieren el cambio, es decir, es un monólogo, monologuemos entre nosotros, que el que va a una plaza es un choriplanero o va por los micros: es la negación de la oposición por su propia naturaleza y todo eso genera violencia discursiva”.


La “Fusiladora mediático-judicial”

 

Con respecto a la estigmatización del kirchnerismo por parte del actual gobierno de Mauricio Macri, Brienza lo define como la “Fusiladora mediático – judicial”. “Tienen un punto de contacto con la revolución del 55, cierto revanchismo, cierta jerarquización, donde la frase de aquel general que dijo ‘hicimos la revolución para que el hijo del zapatero siga siendo el hijo del zapatero’ se parece mucho a las frases de la vicepresidenta (Gabriela Michetti) o (Javier) González Fraga de que ‘le hicieron creer a los pobres que tenían derecho a un plasma, vacaciones y celulares’. Hay una concepción de que la sociedad se divide entre los que tienen derecho y los que no tienen derecho: los que tienen derecho son los ricos, que son ellos, que gobiernan para ellos, y los que no tienen derechos son los pobres. En vez de utilizar las armas utilizan la justicia y los medios de comunicación en una maniobra de pinzas, donde ves que actúan descaradamente, al unísono: sale en un medio que van a allanar tal cosa, la justicia allana; la justicia le brinda información a los medios y se retroalimentan de esa manera”.

 

Por otro lado, aclaró que no comparte la definición de que el de Cambiemos sea un gobierno de “ceos” o una “ceocracia”. “Bullrich viene de la política, Macri hace diez años que está en política, la mitad del gabinete participó del gobierno espantoso de la Alianza de De La Rúa: Lombardi, Sturzenegger”. “Si uno analiza cómo utilizan a determinados jueces, más allá de que haya que investigar o no la corrupción. Para mí, si quieren hablar de corrupción en serio hay que hablar profundamente de la corrupción estructural y sistemática, que tiene que ver con la política, con los medios de comunicación y con las empresas. La farandulización, la espectacularización de los casos de corrupción por los medios de comunicación, con jueces que son claramente de corte macrista, hacen un fenómeno muy parecido al que se produjo después de la caída de Perón. En aquel momento iban contra la desaparición de los nombres, ahora por la desaparición de la honra. Podés nombrarlos, pero sabés que son corruptos, que son lo peor que hay para la sociedad, entonces te estigmatizan de esa manera para que tengas lepra y nadie quiera acercarse a tocarte”.

 

Lo de la estigmatización lo experimenta Brienza en carne propia, como muchos periodistas y escritores identificados con el kirchnerismo, cuando casi ningún medio hace críticas de sus libros. Es lo que sucede con “Urquiza, el salvaje” que presentó días pasados en la Feria del Libro de Resistencia. En ese sentido, señala que “los grandes medios operan sabiendo qué libros deben censurar con su silencio. Uno cree que la censura es por parte de los Estados o los gobiernos de turno, pero la censura también la genera el mercado y las empresas más monopólicas. Si vos manejas el 60 o 70 por ciento de la comunicación, tenés la capacidad de borrar de la comunicación determinados hechos. Nadie sabía nada de lo que pasaba en Córdoba (el paro de varios días de los choferes de colectivos) porque Clarín no quiso que se supiera, porque América y La Nación no quisieron que se supiera. Los libros que uno saca van creciendo de boca en boca, no solamente no te hacen publicidad ni siquiera te hacen críticas, también lo hacen prensas que parecen amigas”.

 

Considera que “es una forma de domesticación". "No es contra nosotros, es contra los próximos periodistas que quieran apoyar a cualquier gobierno que vaya en contra de los medios de comunicación. Lo que quieren decir es ‘no hagan lo que hicieron Brienza, (Carlos) Barragán, (Roberto) Caballero, (Luciano) Lucho Galende porque van a terminar así’. La domesticación es hacia el futuro, no hacia nosotros que ya estamos perdidos. A los que intentan silenciar, domesticar, disciplinar es a los pibes que hoy tienen veinte y pico de años, que ven lo que nos hacen a nosotros y entonces piensan ‘yo así no quiero terminar, le hago saludo 1, saludo 2 a Magnetto y listo, y tengo una carrera brillante en el periodismo’”, concluye.

 

Fuente: Programa Tenemos que Hablar/Radio Municipal Resistencia 87.9

 

 


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